El extraño fenómeno social en que la generación Z y algunos Millenials...

El extraño fenómeno social en que la generación Z y algunos Millenials están abandonando sus redes sociales.

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Ricardo Alfonso Chen Jaramillo Generaciones

El comienzo de las redes sociales se dio de manera ingenua. Era simplemente estar en contacto con tus amigos, conocer gente nueva, recuperar el contacto y la cercanía con tus antiguos “amigos”, colegas, compañeros de escuela y del trabajo, incluso ponerte en contacto con exparejas, en fin. Hasta aquí todo suena bien, pero, ¿que tan sano suena?.

Los primeros intentos de generar una interfaz amigable de encuentro social, fueron intentos fallidos de Myspace y Hi5. Después, Facebook triunfó donde ellos al hacer un simple cambio, no darle libertad a cada usuario para personalizar su perfil.

Supo ver entre las grietas y responder con velocidad a las necesidades de sus usuarios, conforme estas se volvieron más evidentes se resolvían mucho mejor. Facilitaron la gestión de imágenes, podías subir tus fotos y compartirlas con tus amigos; el etiquetado de amigos, para que supieran con quien sales en tal foto; las menciones directas para saber que te refieres específicamente a alguien; innovaron en los llamados toques, para llamar la atención de otro usuario; incluyeron un chat para conversar en vivo, ademas crearon la posibilidad de abrir grupos y conversar entre muchos al mismo tiempo; en fin, cada característica o posibilidad que esta y otras redes sociales ofrecen es también un síntoma del estado de nuestra sociedad.

Otro ejemplo es el de Twitter, es la viva demostración de que todos podemos gritar al mismo tiempo; y en tan solo 140 caracteres o menos, sin decir nada, abarcándolo todo. El efecto importante de Twitter es la facilidad con que tendemos a manifestar lo peor de nosotros con la comodidad de la lejanía y, a veces, el anonimato ante los demás.

Siguiendo con las redes sociales actuales, tenemos a Instagram que nos demuestra lo fácil y rápido con que podemos maquillar la realidad para presentar al mundo una versión mejorada, exótica o incluso inexistente de nosotros mismos.

Tras haber pasado apenas diez años de hiperconectividad, estas redes se han convertido en una versión perversa de lo que se imaginó como una simple y útil herramienta de sociabilidad. Para muchos, las redes sociales se han vuelto una enorme carga, pues han desatado toda clase de comportamientos patológicos: ataques desenfrenados de celos, acoso virtual, adicción y dependencia, reencuentros incómodos o innecesarios, FOMO (por sus siglas en inglés: Fear Of Missing Out, miedo a perderte cosas), ansiedad y depresión.

Se creo una inevitable tendencia a comparar nuestras propias vidas con las de aquellos que sus historias aparecen en nuestra pagina principal de nuestras redes, presumiendo compartiendo sus últimos logros académicos, su ultimo viaje, la proximidad de sus bodas, el nacimiento de sus hijos, la llegada a la meta final en un maratón, en fin, cualquier cosa que constituya esos “deberes vitales” o momentos deseables en la vida de cualquier persona, lejos de volverse un motivo o impulso para lograr mas cosas o alegría por el prójimo, se puede volver una fuente inagotable de angustia para los que se encuentran en otro punto de una trayectoria de vida completamente distinta.

A la vez, la necesidad de compartir sin ninguna clase de filtro prácticamente todos los acontecimientos, grandes o pequeños, de nuestra vida provoca darle más importancia a las cosas que no la tienen y a banalizar las que en realidad son trascendentes.

Ricardo Alfonso Chen Jaramillo Generaciones MillenialsMuchos miembros de la generación Z, nacidos en la era digital y cuyos miembros más viejos tienen 19 años en este momento, están cerrando sus perfiles en las redes sociales. En un mundo que se ha acostumbrado a la sobrexposición del yo social, un poco de privacidad es muy bien valorada.

La necesidad de estar conectado todo el tiempo y saber lo que otros hacen constantemente no sólo es enfermiza y contraproducente sino demandante y cansada.

Así mismo un grupo de millenial también han comenzado a cerrar sus redes por estas mismas razones, aunque otros tantos las mantienen para conservar sus contactos profesionales o porque sus carreras demandan cierto nivel de autopromoción. Muchos se mantienen como observadores pasivos de esa gran pasarela en la que se ha convertido nuestra convivencia.

Los quince minutos de fama que predicó Warhol se han extendido pero exigen trabajo constante cuya única paga es la satisfacción de nuestro ego, el espejismo por excelencia.


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